
12 de agosto de 2009
Lo que ha tenido que sufrir Doña María Imelda Quintan, lastimosamente en Colombia muchos lo hacen. Aun con el dolor y el sufrimiento que su rostro expresa; originaria de Zaragoza, espera a las afueras del teatro Camilo Torres de la Universidad de Antioquia, donde el Gobierno la ha citado. Ella fue despojada de su hijo de 27 años de edad, el cual se dedicaba al Comercio Alimenticio, solo porque si, por el pecado de respirar, según habitantes de la región por deseo de alias “MACACO” jefe Paramilitar.
Cuenta Doña María Imelda que allí mataban a las personas “por verlos caer”, que su hijo, un hombre sano, que no se metía en líos con nadie, mucho menos tenía nexos con paramilitares; fue fusilado mientras trabajaba en su negocio, corría el año de 1999. Todavía en su memoria se mantiene vivo el recuerdo de ese trágico momento.
Su hermana Rosa Emilia Quintana, no ha corrido con mejor suerte ya que a ella le asesinaron su esposo y su hijo en el 2000, cuatro meses después del crimen de su sobrino. Luego de esto, atemorizadas huyeron de allí, con la mirada perdida en el horizonte, intentando hallar una respuesta que nadie les ha podido dar, aún sin saber si existe.
“Venimos a oírlos hablar muchas cosas, nada en concreto, no llegamos a acuerdos, solo tenemos oídos para escuchar” dijo doña Rosa, que decepcionada y un poco retraída, no puede arrancar de su mente las imágenes de su familia.
Con el programa de Reparación a victimas de la violencia, organizado por el Gobierno Nacional, le dieron once millones de pesos a Doña Rosa Emilia, pero como ella lo dice un hijo no se paga con dinero. Con ese capital ella se hizo dueña de una pequeña vivienda en Belencito Villa Laura, en donde vive con sus otros dos hijos y cinco nietos de “la misericordia divina”, ya que ninguno tiene empleo.
Este programa les brindara apoyo psicológico y económico para salir de la crisis en la que los dejó lo sucedido. A Doña María, a pesar de que su caso fue anterior, no le han dado ningún dinero, sigue viviendo en Zaragoza donde tiene su vivienda y lo que queda de su vida, esperando poder llamar la atención a los grupos alzados en armas, que destruyen las vidas de cientos de personas, y luego se escapan en la noche, perdiéndose entre los arboles.

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